Algo sobre la distancia

Hay una historia en el espacio entre nosotros.

O más bien,

hay todas las historias en el espacio entre nosotros.

Por explicar algo diría que en la distancia que nos cruza

caben todas las decisiones que no nos corresponden:

si el avión se cae,

si el chofer del autobús da la vuelta equivocada,

o si no pasan ninguna de estas cosas.

Cruzamos, da igual, por el medio preciso de los universos paralelos,

de las vidas de los extraños

y hay algo de calma en todo ello.

 

Hace tiempo entendí que para llegar a ti hay que viajar por el tiempo,

más que por el espacio,

por el tiempo.

Y por ello entendí también que para llegar a ti

hay que atravesar todas las crónicas paralelas,

las historias de amor,

las historias ajenas, también, de abandono.

Quiero decir que entre nosotros, como entre un número y el siguiente

hay una humanidad dispuesta a seguir equivocándose.

Dispuesta a seguir, sin nosotros.  

 

Hay una historia, sin embargo, que se tensa,

una historia distendida a través de pantallas,

de los aviones que no cayeron

y los autobuses que llegaron a aquel hotel,

que a pesar de la lluvia tomaron la ruta adecuada.

Este universo en el que tomé la decisión

de cruzar algo

para irme

y cruzar algo

para quedarme.

Y en esta historia podemos contar algo sobre ti

esperando en algún aeropuerto seguro de que yo era otro,

esperando todavía, en gerundio, por hablar de otro universo.

 

Hay una historia en el espacio del nosotros,

una maquinaria del plural que sólo existe

porque existe el azar.

Una maquinaria, a fin de cuentas, de dejarse abandonar a las decisiones

y de tomar las riendas.

Y de decir:

Este universo es el mío.

Aquí me bajo.

 

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