Un secreto para Emilia

Para Daniela, Naira, Richi. Y para Emilia. 

Quisiera hablarte suavemente,

y contarte, no de los límites de las cosas,

decirte, en realidad, de sus abismos.

Creo que todas las cosas tienen sus propios precipicios.

Lugares desde donde nacen y crecen,

que se quedan a oscuras,

incluso,

al si mismo.

 

Creo que si habitamos algo

habitamos las esquinas y los entresijos

de esas oscuridades.

Habitamos la opacidad de lo que queda dentro

y cambia sin decirnos nada.

 

Lo que quisiera decirte,

siempre suavemente,

es que las únicas verdades son las que se desgajan

por debajo de lo obvio,

en nuestros silencios compartidos.

 

Algunos precipicios son afilados,

como la piel de los tiburones,

parecen estar hechos de diamantes pulverizados

y líquidos

vueltos, de alguna manera, sólidos, otra vez.

 

Y algunos de nuestros abismos,

nuestros digo, por decir que son los que conocemos

con el afán humano de conquistarlo todo,

aunque sea sólo en el lenguaje,

parecen no tener límites

y son indefinidos y aterciopelados,

como si no supieran nada de arquitectura.

 

Quisiera decirte también,

Emilia,

que ninguna de sus formas significa nada.

Que hay oscuridades más dolorosas y más suaves.

Que hay, también, alegrías en el escándalo del filo.

 

Quisiera decirte,

Emilia,

que este es el único secreto que tengo

por ahora,

Para ti.

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